No es la primera vez de la fusión Los Palmeras-filarmónica de Santa Fe. El primer ensayo fue en septiembre de 2017. El récord de convocatoria fue en Rosario: 120 mil personas bailando sus cumbias, sinfónica incluida. En Santa Fe, un poco menos: 90 mil. En Carlos Paz, Córdoba, hubo más de 50 mil. Ahora hay interés para que se presenten en Mendoza, Bariloche, Salta y San Juan.El que sabe, sabe. Y Marcos Camino, líder y acordeonista de Los Palmeras, lo advirtió durante la prueba de sonido. “Vas a ver que es distinto a cualquiera de nuestros shows. Con la orquesta filarmónica generamos otras cosas: un escozor en la piel… los sonidos tan dulces, tan amalgamados hacen que se te ponga la piel de gallina. Producen eso, más que ponerse a bailar”.

Son casi de las 7 de la tarde y Los Palmeras salen al escenario. A sus espaldas, están la 9 de Julio y el Obelisco. Ahí adelante, casi pegados a ellos, 50 músicos de la Filarmónica de Santa Fe. Y abajo, sobre Diagonal, cerca de 80.000 personas, según los organizadores. La primera canción es “La cola”, uno de esos temas que uno tiene en su mente sin conocer su nombre. Fueron 22 temas, cada uno con su presentación correspondiente, a cargo de los animadores. Y la misma sensación. Esa que advirtió Caminos: uno se cree que está más en el Colón que en una bailanta del Conurbano.

Los Ángeles Azules, un grupo mexicano de cumbia que supo, durante algunos años, vender más discos que Luis Miguel, grabar con una orquesta sinfónica, no lo dudó. Y subió la apuesta: 50 músicos de la Filarmónica de Santa Fe. “A los músicos les encantó la propuesta. Ellos, antes que escuchar música clásica, habían conocido a la cumbia. Somos de barrio. Y en nuestros barrios de Santa Fe siempre sonaron Los Palmeras”, explica Rubén Carughi, director de la Filarmónica.

Juana Martínez llegó en auto, con su marido y sus dos hijos de 11 y 13 años. “Desayunamos en familia y salimos a la ruta. Es la mejor manera de pasar el día juntos. Nos conocimos en un baile de Los Palmeras y le transmitimos la pasión a nuestros hijos”, le dice a Clarín, rodeada de santafesinos con banderas y camisetas de Colón, dos horas antes del show.

Marcos Camino dice no poder precisar el año del debut de Los Palmeras en Buenos Aires. Calcula que fue entre 1978 y 1980 (la banda nació en 1972). Pero sí recuerda algunos detalles: fue en un baile de un club de Avellaneda al que habían llegado minutos antes del show. Nada de hoteles o comodidades. Esa noche, ni bien comenzaron la segunda salida, se complicó todo: una pelea haría que el organizador decida suspender el baile, y el saber fue agridulce. Aunque habían tocado en Buenos Aires, con todo lo que eso implica para una banda de cumbia del interior del país.

Recién en 1983 se volverían fuertes. Siempre en la zona sur del conurbano, donde históricamente sonó, y suena, la cumbia santafesina. Veinticinco años después, la locura: el Bombón Asesino los “sacó” de las bailantas y los instaló en las discotecas porteñas, casamientos y fiestas privadas tops. “Pero ésto es el techo”, le dice Marcos Camino a Clarín, durante la prueba de sonido. “Nos costó mucho: decían que la cumbia es de negros, de periferia, nos discriminaban. Y ahora estamos acá, en el Obelisco. No creo que podamos superar lo que estamos por vivir”.

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